Una silla sencilla, un pequeño espacio en casa, un curso de 90.000 pesos. Con esos recursos inicio Valentina Cristancho Hernández a construir un proyecto que hoy representa una parte importante de su vida. A sus 23 años, estudia Comunicación Social, es lashista profesional en pestañas y está al frente de Valentina H Studio, un emprendimiento que nació de su pasión por crear con las manos.

Desde pequeña, el dibujo, la pintura y las actividades manuales fueron una manera de expresar su creatividad. Durante sus años de estudio también acompañaba a su madre en el trabajo, mientras crecía, en ella, albergaba el deseo de construir un proyecto propio. Su gusto por el arte, la belleza y la posibilidad de transformar sus ideas con las manos despertaron la inquietud de convertir esa pasión en una profesión.
En ese camino, su madre se convirtió en una figura fundamental. Más que ser una de las primeras personas en confiar en ella, fue quien la impulsó a buscar una actividad que realmente disfrutara y que estuviera relacionada con el arte. Fue así como Valentina encontró en las extensiones de pestañas una manera de unir creatividad, trabajo manual y belleza.
“Mi mamá ha sido un pilar fundamental en este camino tan largo que he tenido”, expresa Valentina al recordar sus primeros pasos.
Un nombre con un significado especial
La identidad de su emprendimiento también guarda parte de esa historia. Valentina H Studio combina su nombre con la inicial del apellido materno, Hernández, como una forma de reconocer a su madre, quien ha estado presente desde el inicio de este proyecto. Ella fue, además, su primera modelo: en sus comienzos, Valentina le realizó extensiones de pestañas y un diseño de cejas. Aquella experiencia se convirtió en uno de los primeros pasos de un sueño que, con el tiempo, comenzó a consolidarse profesionalmente.
El camino no estuvo acompañado de grandes inversiones. Después de realizar su primer curso, empezó a practicar en casa con un mueble y una silla común. A medida que adquiría experiencia, buscó nuevas capacitaciones para perfeccionar sus técnicas, mantenerse actualizada frente a las tendencias del sector.
Cada formación representaba un esfuerzo económico. Por eso, tuvo que avanzar poco a poco, aprovechando las posibilidades que tenía en cada momento. El espacio de trabajo también fue una limitación durante sus primeros años, aunque esas condiciones no fueron suficientes para detenerla.
El comienzo de un nuevo mundo
Sus primeros pasos estuvieron marcados por la sencillez. Con una inversión inicial de 90.000 pesos para realizar su primer curso, inició a practicando desde la casa, en un espacio reducido que adaptó para atender sus primeras clientas. Un mueble y una silla fueron sus herramientas iniciales para darle forma a un proyecto que apenas comenzaba.
Con el paso del tiempo, fue incorporando nuevas técnicas a su trabajo mediante diferentes capacitaciones. Cada formación le permitió perfeccionar sus habilidades, ampliar sus conocimientos en el área de la belleza. Sin embargo, mantenerse actualizada también representó un desafío, debido al costo de los cursos. Por ello, tuvo que avanzar de manera gradual, invirtiendo en su preparación según sus posibilidades.
A este desafío se sumó la necesidad de darse a conocer. Al comenzar desde cero, Valentina tuvo que abrirse camino poco a poco, mostrar la calidad de su trabajo, construir una comunidad cercana, sobre todo, ganarse la confianza de sus primeras clientas. Ese proceso fue fundamental para que su emprendimiento empezara a crecer.
El voz a voz se convirtió en uno de sus principales aliados. Las recomendaciones de sus primeras clientas hicieron que su trabajo llegara a nuevas personas, desde amigas hasta vecinas o familiares. Así, cada experiencia positiva abrió la puerta a una nueva oportunidad, permitiéndole ampliar poco a poco su comunidad, fortalecer la confianza en su servicio.
Más que aplicar pestañas

Para Valentina, trabajar en el mundo de la belleza representa mucho más que realizar un procedimiento estético. Detrás de cada cita existe la posibilidad de aportar, aunque sea desde un detalle, a la seguridad y confianza de sus clientas. Le gusta que cada mujer que llega a su espacio pueda sentirse bonita, cómoda, especial, además de encontrar un momento para dedicarse tiempo a sí misma.
Durante cada servicio también surgen conversaciones, anécdotas e historias personales que le permiten conocer diferentes experiencias de vida. Ella reconoce que muchas mujeres llegan con situaciones que han marcado su camino, por lo que escuchar, compartir un momento agradable, brindar una atención cercana se ha convertido en una parte importante de su trabajo. Para ella, embellecer no se limita al resultado frente al espejo; también significa generar una experiencia en la que cada clienta pueda sentirse valorada.
Esa forma de entender su profesión es la que busca reflejar en Valentina H Studio, un espacio pensado no solo para resaltar la belleza, sino para que quienes lo visiten se lleven la sensación de haber recibido un servicio hecho con dedicación, cuidado y atención a los pequeños detalles.
Dos caminos al mismo tiempo
El crecimiento de su emprendimiento ocurre mientras Valentina continúa su carrera universitaria. Ser estudiante de Comunicación Social, atender clientas, crear contenido, organizar sesiones fotográficas para sus redes sociales supone uno de los retos más grandes de su día a día.
Encontrar un equilibrio no siempre ha sido sencillo. Reconoce que su exigencia personal puede llevarla a asumir demasiadas responsabilidades, especialmente porque le gusta que cada tarea salga de la mejor manera posible. Para mantener el control de sus actividades, planifica cada jornada. Escribe sus pendientes, organiza sus horarios, distribuye el tiempo destinado a la universidad, al emprendimiento, además de sus asuntos personales.
La experiencia también le ha dejado aprendizajes. La organización, la responsabilidad, sobre todo la disciplina, se han convertido en herramientas necesarias para sostener ambos proyectos.
Un sueño con muchas puertas abiertas

Valentina imagina un futuro mucho más grande para su marca. Sueña con convertirla en un emprendimiento reconocido, abrir varias sedes, continuar capacitándose, generar oportunidades laborales para otras personas. Sin embargo, el crecimiento que espera no se mide únicamente en cantidad de clientes o establecimientos.
Quiere construir una marca asociada con la calidad, el amor por su trabajo, la dedicación hacia cada persona que llegue a sus espacios. Su historia comenzó con una inversión pequeña, una silla, un lugar reducido en casa. Lo que parecía un primer paso sencillo terminó convirtiéndose en el punto de partida de un proyecto que todavía continúa creciendo.
Actualmente, ella sigue estudiando, aprendiendo nuevas técnicas, atendiendo a sus clientas, fortaleciendo su marca. Aquella joven que alguna vez soñó con crear algo propio encontró en las pestañas una manera de convertir el arte de sus manos en una profesión. Ya que, cada cita representa una oportunidad de acercarse a ese sueño. Un sueño que, como ella misma reconoce, apenas comienza.
Redactado por: Yendy Yeheina Rivera Gracia/ Comunicadora social de la Universidad de Pamplona